Close

Fredy Serna y su observatorio en Pedregal

Lo que Serna pinta es su horizonte, esa montaña que tiene delante de sus ojos, que cambia con la polución, con el día, con la noche. Él pinta ese paisaje: el ambiente y la belleza de esa arquitectura espontánea donde conviven miles de personas”

Alberto Sierra ​​​​​​​

Texto y fotografías: Andrés Sampedro​​​​​​​

Texto y fotografías: Andrés Sampedro​​​​​​​Recuerdo el taller de Fredy con la misma sensación que se tiene cuando se sube a una torre, o un faro, ese momento de plenitud cuando se puede observar el paisaje a 360 grados desde lo alto. Su taller es una casa de varios niveles en Pedregal, barrio formado en la montaña de la zona noroccidental de Medellín, con una vista privilegiada.

A veces resultábamos hablando en su terraza, un pequeño lugar entre el tejado desde donde se contempla la exuberante dimensión que alberga Medellín en sus montañas, en el horizonte se descuelga, a manera de sabana, un paisaje urbano color ladrillo, un croquis de manchas verdes y líneas negras que muestran los trazos de las calles, de los barrios, de las casas posando y contoneándose en todas las direcciones. Esa ciudad inabarcable llena de historias que se unen como píxeles de una imagen infinita.

A veces también terminábamos en el interior del taller, extenuados por ese paisaje hipnotizante. Adentro es un lugar lleno de ventanas que dejan entrar la luz a todos los rincones, un lugar con mucha naturaleza por la estrecha unión que Fredy tiene con las plantas, ellas son una relación directa con la memoria de su madre, un punto de conexión con la vida. En el interior, también están los cuadros de su autoría, los veía como el efecto que el papel fotográfico toma cuando es impregnado por la luz. Era un paisaje dentro de otro paisaje.

En nuestros encuentros sentía una recurrente emoción de preguntarle por los grupos de rock de la zona, yo no dejaba de asociar su trabajo y su personalidad con el rock de Medellín, Sus obras comenzaron a circular con fuerza a mediados de los años noventa en la ciudad, justo en el momento que necesitábamos volver a ser jóvenes en Medellín. Era necesario buscar un nuevo significado para esa ciudad que habíamos heredado, ese hervidero que no reconocíamos pero que conocimos a través de canciones, de grupos de rock, punk, de metal y de atravesar la ciudad y sus fronteras buscando conciertos. Fredy Serna no tenía una banda de rock pero sí tenía un pincel, con el que nos mostraba la otra ciudad no contada, sus pinturas fueron un espejo para vernos, un punto de partida para volver a conquistar el derecho a la ciudad que habíamos perdido en la guerra.

Su obra hoy inspira meta-relatos en otras disciplinas como el urbanismo, la estética, la sociología. Su esencia sigue siendo su autenticidad, su irreverencia. Nada más genuino en mi opinión, que el artista que pinta su paisaje cercano, lo que tiene al frente, su horizonte y a partir de ahí construye un universo completamente nuevo sobre eso habitual para los otros. La obra de Fredy Serna sigue siendo una ciudad en construcción, Medellín sigue siéndolo, decidir pintarla es como seguir construyéndola.